Hilde Radusch (1903-1994)

Hilde Radusch 1939 © Frauenforschungs-, -bildungs- und -informationszentrum, FFBIZ e.V., Berlin

„No víctima, sino siempre luchadora“

Recorremos el camino
en la niebla
del mundo
y tenemos el coraje
de tomar una determinación.
Y tenemos el atrevimiento
de discernir.

Estas líneas de una poesía de Hilde Radusch pueden estar igualmente como la divisa de su vida. Ya en su juventud mostró “el coraje de tomar una determinación” yendo sola a Berlín en donde entra en la asociación juvenil comunista, más tarde en el KPD (partido comunista alemán) en donde se concentra especialmente en la en 1925 creada organización del Roter Frauen- und Mädchenbund (Mujeres y muchachas rojas). Deja la casa paterna en Weimar, burguesa y conservadora, tras de sí. A pesar de que su padre, un funcionario de correos de rango medio con una orientación política marcial nacionalista, ya había caído durante la guerra en 1915, logra transmitir a su hija seguridad en sí misma, de la cual Hilde Radusch más tarde gana su independencia y perseverancia. Por ello tiene conflictos con su madre, un ama de casa que del mismo modo desea para su hija, que ésta se convierta en una fiel servidora ama de casa y esposa.

Hilde Radusch comienza primeramente en la Pestalozzi-Froebel-Haus un aprendizaje como institutriz de guardería infantil. Cuando un día acompaña a una conocida a la estación y la despide dándole un beso oye con gran sobresalto: “¡Ah ... así que eres una de esas!” Y así comienza en la sorprendida Hilde un proceso de conocimiento de sí misma. “Por aquel entonces yo era una verdadera pueblerina” reconoce sonriente ante mí en una conversación mantenida en 1986. Tuvo que transcurrir un tiempo hasta que se diera cuenta de que ella era “de otra manera que los demás”, como dice en una canción de Selli Engler, que por aquel entonces era cantada a menudo en los “clubes de damas”. Ante la falta de modelos lésbicos, a la joven Hilde le resulta más fácil identificarse con hombres, mejor dicho con roles masculinos, como los que encontraba en la literatura, que con el modelo femenino tradicional: “De tal modo me ahorré muchos complejos de inferioridad”.

Como no encuentra trabajo como institutriz de guardería, comienza en 1923 a trabajar como telefonista para correos. “Era un trabajo respetable, con él no se podía ganar mucho dinero pero era algo para toda la vida, así pensábamos entonces.” “Verdaderamente feliz” es cuando durante su trabajo conoce a María, su primera amiga, con la que se va vivir junta. Hilde Radusch se ocupa en su tiempo libre de trabajos políticos, escribe artículos para la publicación “Frauenwacht” del Roter Frauen- und Mädchenbund y habla en reuniones. Para visitar los bares de la subcultura no le quedan ni tiempo ni dinero. En su memoria, sin embargo, quedó grabado el recuerdo del “Toppkeller” en la calle Schwerin en su vecindario, sobre todo el conocido “baile de la ropa”:

“Por entonces usábamos las polleras bastante largas, debajo llevábamos enaguas con puntillas. Bailando era permitido levantar un poco la pollera, era algo de lo más sexy. Entonces llegaba el momento de la polonesa durante la cual debíamos treparnos a las sillas que estaban en la entrada del subterráneo, para finalmente llegar al momento del deseado besito. Era muy exitante, teniendo en cuenta que venían mujeres de todas las clases sociales, inclusive actrices. Estaba siempre lleno, los viernes no se podía practicamente entrar.”

Distinguidas pero no menos voluptuosas se sucedían las veladas en Mali e Igel en la calle Luther, el club preferido de muchas actrices, la “crema de la crema”. “Mali era un sueño de mujer, delgada, cabellos castaños, vestida con robas amplias y con ese `algo´ que no te permitía sustraerte”, fantasea Hilde Radusch. “Ella tenía que bailar con cada una al menos una vez”. Sólo pocos años más tarde la “bella Mali” fue obligada a abandonar su país para escapar a la persecusión de los judíos.

Hilde Radusch es elegida como miembro del comité de empresas en correos y representa a sus colegas frente al juzgado laboral. Por entonces era muy raro que miembros del partido comunista fueran empleados como funcionarios públicos, por ello el partido la propuso para la elección. A la edad de recién veintiseis años es elegida por los próximos tres años como consejal de la ciudad por el partido comunista de Berlín. ¡Para la administración de correos motivo suficiente para despedirla! En 1932 también termina su carrera en el partido: No se la presenta más como candidata para consejal de la ciudad porque Hilde Radusch no obedece al vicepresidente del partido en Berlín, que le ordenara que le enviase a su oficina a su linda amiga.

La enorme ganancia de votos de los nacionalsocialista en la elecciones de 1932 y su presentación pública permiten suponer lo peor, pero la verdadera dimensión de la brutalidad a partir de febrero de 1933, principalmente dirigida contra las fuerzas de izquierda, es dificil de concebir. La antigua consejal comunista estaba casi preparada para una vida en la ilegalidad, teniendo en cuenta que como tal estaba en verdadero peligro.

“Ahora vienen los días fríos/- la verificación -/el país retiene la respiración”, se lee en su poesía “Primera helada”. Como antigua empleada de correos se ocupa en la construcción de una línea de correo ilegal antes de que su detención el 6 de abril de 1933 a causa de su trabajo en el partido comunista, le permitan otras accciones de resistencia. Unos días antes se había mudado del departamento que compartía con su amiga María. Una medida de precaución para protejer a su amiga: como funcionaria pública no hubiera conseguido más trabajo de haber sido demandada a causa de Hilde Radusch. “Nuestra relación no tenía más futuro porque María había comenzado a odiar a los comunistas”, dice lacónicamente Hilde Radusch al aclarar el fin de su amor.

Al ser detenida a las seis de la mañana consigue destruir en el toilette las anotaciones sobre la línea ilegal de correo. A falta de otras “pruebas” se le acusa de poseer un arma: un bastón con incrustaciones de plomo, que encontraran por casualidad al registrar su casa. Hilde Radusch no se deja intimidar durante el interrogatorio. Al negarse a firmar el acta de declaración inexacta y con ello reconocer su culpa, dos hombres de la gestapo lo hacen por ella. La encarcelan en “prisión preventiva”: “Se debía proteger al estado de nosotros” dice Hilde con su inconfundible tono irónico. “De alguna manera nos sentíamos como héroes, ya que por medio de la prisión los nazis nos `reconocían´ como enemigos políticos”.

La Jefatura Superior de Policía de la plaza Alexander es la primera estación de su encarcelamiento. “En nuestra habitación en Alex, en la que habían treinta y seis prisioneros, había dos mujeres que pretendían ser masajistas y en consecuencia se masajeaban públicamente. Muy poco tiempo después fueron separadas.”

Luego de un mes la trasladan a una prisión femenina en la calle Barnim, en donde había aproximadamente doscientas prisioneras “políticas”; éstas, al contrario de las “criminales”, no eran mantenidas en aislamiento. Juntamente con las otras pudieron conseguir mejores condiciones de encarcelamiento. Una aventura amorosa con su compañera de celda le ayuda a superar más facilmente el tiempo de arresto. Pero las paredes tienen orejas y precaución es de vital interés. Hilde Radusch recuerda: “El amor en prisión no es un placer. Al lado de nuestra celda estaba la sala de descanso de las guardias. Una palabra sonora en la total tranquilidad de la noche, un suspiro, hubiera significado sótano, o sea depósito con agravación de la pena y aislamiento.”

En septiembre de 1933 es dejada libre en compañía de otras “políticas”, o lo que el régimen había dejado de ellas. Tiene suerte en la desgracia ya que más tarde el transferir los prisioneros políticos en campos de concentración era la normalidad. Totalmente sola – su amiga se había separado de ella definitivamente – se cambia de barrio mudándose a Berlín-Mitte, pero continúa siendo controlada por la Gestapo. Además tiene problemas para encontrar un trabajo yendo finalmente como simple obrera a Siemens, donde realiza trabajo sindical ilegal. La lucha por sobrevivir está en primer lugar. “Yo soy alemana, ese es mi idioma, mi forma de expresarme. ¿Qué he perdido yo en otros países?” responde a mi pregunta de si alguna vez pensó en la emigración. “¡Nadie me habría ni siquiera dado trabajo!”

En 1939 conoce “de pura casualidad” su segunda amiga, luego de haber tenido que renunciar por muchos años a una vida amorosa. “Por aquel entonces todas eran fieles como nunca, la vida lesbiana se llevaba a cabo sólo en la pareja”. A causa, entre otros, del miedo a los espías no se iba a lugares de encuentro o locales. En tomar medidas de camuflaje, como por ejemplo casarse, no había pensado. El hecho de ser lesbiana ella no lo llevaba “escrito en la frente” y los nazis no tomaban es serio a las mujeres en ese sentido. Poco tiempo después que Hilde Radusch se hubiera mudado nuevamente, suena el timbre en la casa de la calle Oranienburger:

“Un hombre muy joven de la SS estaba allí: ¿Es Ud. la señora Radusch? ¡Nosotros le ayudaremos! ¡Ustedes piensan que cuando se mudan de un barrio a otro están a salvo! ¡Me voy a ocupar personalmente de que Ud., tan pronto como sea posible, vuelva a la prisión! El echaba pestes contra los comunistas. Yo no respondí ni una palabra, para evitar que pudiera utilizar algo en contra mío. Escuché toda la letanía y cuando se dió cuenta de que yo simplemente no contestaba bajó la escalera haciendo mucho ruido y además estaba muy enojado de no haber alcanzado nada con sus tiradas. En ese momento apareció detrás mío una vecina diciendo `¡No me había podido imaginar que Ud. fuera tan cobarde!´ Le respondí que yo tenía mis motivos para comportarme así, no siempre se debe ser valiente, ese no es siempre el mejor camino. Le conté que yo había sido consejal del partido comunista, que había estado en prisión y todo lo demás. Luego de un poco de tiempo ella contó que había dado mucho para la Rote Hilfe (la ayuda roja), ¡y además ella era aún miembro del club de damas Violetta! (el color violeta es en Alemania un símbolo del feminismo) Pues bien, la cosa resultó muy facil, ya que nosotras teníamos habitaciones vecinas, todo era de lo mejor.”

Cuando Hilde Radusch y Eddy se conocieron mejor, se enamoraron y comprobaron que tenían formas de pensar y planes similares. La vecina se transforma en compañera de vida por los próximos veintiún años, a menudo pude decirse que le salvó la vida. “Ud. es una persona decente, a Ud. le confío mi hija” sentenció la madre de Hilde Radusch con benevolencia sobre la amiga. Eddy era seis años más joven y gravemente mutilada por lo que recibía una pequeña renta que no alcanzaba para vivir. Por ello tiene la idea de abrir una fonda de almuerzo privada o sea un restaurante sin venta de bebidas. Eddy pide el permiso correspondiente que le es negado a causa de la influencia del SS, ya que ella vive junto a una mujer que “políticamente no es de confianza”. ¡”Responsabilidad por las faltas del otro” se llama esto! Pero Eddy no se deja intimidar. Gracias a su valor cívico consigue obtener el permiso de apertura de su fonda privada de almuerzo. En la calle Lothringer del barrio Scheunen encuentra una casa que es administrada por el padre de Eddy, un local; mesas y sillas – “habíamos pintado todo de marrón, absolutamente el color correcto” – habían sido dejadas por emigrantes judíos. Hilde Radusch se retira al segundo plano y se ocupa de conseguir alimentos racionados, una tarea que progresivamente resulta más dificil de realizar. Oficialmente no le es permitido trabajar en el local, sobre todo no debe servir ya que podría ser que le murmurara palabras suversivas a los clientes ... De todos modos se pueden observar detalles de la resistencia: Cuando debieron colocar en el local el letrero obligatorio “Prohibido para judíos” colocan adelante la lista de platos.

La dirección del ilegal partido comunista toma nuevamente contacto con Hilde Radusch, le envía mujeres que acaban de salir de la prisión para que sean cuidadas y alimentadas con esmero o para que se les organice un refugio. Pero las dos mujeres no siempre tienen éxito: No consiguen preservar de la deportación a un campo de exterminio a Henny Lemberg, una amiga judía y comunista.

En agosto de 1944 Hilde Radusch tiene nuevamente suerte en la desgracia: Una amiga de Eddy, miembro de la policía judicial, le avisa de la detención planeada como parte de una acción llamada “reja”. En vista de la amenaza de la derrota, fueron detenenidos en “prisión preventiva”, el 22 de agosto de 1944 por orden de Himmler, principalmente los diputados y consejales de los partidos de las clases trabajadoras y burgesas que aún estaban en libertad. Cinco mil a seis mil personas fueron tomadas prisioneras y prácticamente sin excepción deportadas a campos de concentración, para muchos una muerte segura. Hilde Radusch, que para entonces había conseguido trabajo en un banco, toma el aviso muy seriamente y decide desaparecer. Huye a Prieros, un pueblecito en los alredores de Berlín, donde juntamente con Eddy a partir del verano de 1943 ha construído una “segunda existencia secreta”. En una primitiva casucha de madera van pasando su existencia: “Eddy hubiera podido continuar trabajando en su local, pero entonces le hubieran preguntado donde estaba yo. La hubieran podido matar, pero ella no hubiera dicho nada, pero por otra parte los nazis por principio no le hubieran creído. Ella podría haber respondido cualquier cosa. En consecuencia tuvo que venir conmigo, lo que significaba que desde diciembre de 1944 hasta abril del 45 teníamos que sobrevivir sin cupones de alimentos.”

Hilde Radusch “organizaba”: A veces puede cambiar una sábana por un pedazo de carne, otra vez consigue madera del bosque para calentarse, y en la necesidad se pueden usar hojas de zarzamora para reemplazar al tabaco.

Medio muertas de hambre viven la liberación por medio de las tropas rusas: “La cosa se había terminado, nosotras éramos nuevamente ciudadanas, así como corresponde.”

Inmediatamente luego del final de la guerra Hilde Raduch participa en la reconstrucción: A partir de junio de 1945 hasta febrero del 46 trabaja para la Administración de Distrito, en la sección “Víctimas del fascismo”, lo que significa que debía trabajar una enorme cantidad de pedidos de ayuda en forma de alimentos, ropas y otros. Como antigua miembro del Partido Comunista Alemán comienza a tener dificultades con la práctica rusa y sobre todo alemana del comunismo. Hilde Radusch se pregunta “¿Se pueden alcanzar los objetivos del socialismo por medio de un mal camino totalitario? ¿Justifica el fin los medios?” Ella decide a retirarse del partido porque no está más de acuerdo con su política. Envía su libro de miembro y con ello da a conocer su decisión. Para disminuir la importancia de esta renuncia de motivación política la dirección del partido excluye Hilde Radusch en enero de 1946, ¡haciendo responsable de ello a su relación con una mujer! Cartas con amenazas le quitan el sueño. El partido no tiene miedo de nada y denuncia a Hilde Radusch frente a la Administración de Distrito donde ella aún trabaja. ¡Cuando ella se dirige a sus superiores para aclarar la situación se encuentra confrontada con un acta sobre sí misma, en la cual tres dirigentes comunistas escriben, que ella es una lesbiana y que por ello no debe ser empleada de la Administración! Los correligionarios tienen éxito con su táctica: en febrero de 1946 es despedida de su trabajo. “Fue el final de todas mis ilusiones, una gran parte del sueño de mi vida fue roto”, recuerda. Pero también su salud está arruinada con sus 43 años. Enferma de reuma de las articulaciones, en parte como consecuencia de la guerra, y pronto no puede trabajar más y recibe una renta pequeñísima. Eddy abre un baratillo y con él logra mantener a ambas hasta que en 1960 muere de cáncer.

Te fuiste
y nunca más
oiré tus pasos
a los que esperaba
ni tu voz
ni tu risa.

Te fuiste
y me dejaste
aquí sola.
Solitaria hasta congelarme ...

Hilde Radusch no puede prácticamente superar la muerte de su amiga; enfermedades hacen además su vida dificil. Saluda al nuevo movimiento feminista que se desarrollara en los años setenta como la posibilidad para muchas mujeres de actuar políticamente y defender los propios intereses. Toma parte en la fundación del L74, un grupo de mujeres mayores lesbianas de Berlín, y en otras acciones feministas, escribe poesías y textos en prosa, una pasión de sus años juveniles. Aunque su cuerpo había perdido su capacidad de movimiento, la nonagenaria mantiene un espíritu ágil hasta el fin de su vida. “Nunca me consideré una `víctima´ sino siempre una `luchadora´” es su resumen.


© Claudia Schoppmann (Berlin 2005)
Elena Terson de Paleville (Traducción, Bonn 2005)

cita/citation sugerida:
Schoppmann, Claudia: Hilde Radusch (1903-1994) [online]. Berlin 2005. Available from: Online-Projekt Lesbengeschichte. Translado de Elena Terson de Paleville. Boxhammer, Ingeborg/Leidinger, Christiane. URL <http://www.lesbengeschichte.de/Spanisch/bio_radusch_sp.html> [cited DATE].

Las poesías citadas se encuentran en: el libro de poesías de Hilde Radusch „Zusammengeharktes“ (Berlin 1978).

Vale la pena ver la película televisiva sobre Hilde Radusch: „Muß es denn gleich beides sein” de Pieke Biermann y Petra Haffter, RFA 1985.

Texto y fotografía (1939) de Claudia Schoppmann: Zeit der Maskierung. Lebensgeschichten lesbischer Frauen im „Dritten Reich“. Berlin: Orlanda Frauenverlag 1993