Claire Waldoff (1884-1957)

Claire Waldoff, la cancionista y artista de cabaret de voz cabernosa y áspera fue durante más de tres décadas una estrella del arte del entretenimiento. Nunca ocultó su amor hacia Olga von Roeder, con la que durante 40 años fuera inseparable. Sus canciones, entre las que se cuentan grandes éxitos como "Hermann heeßt er" (El se llama Hermann), "Wer schmeißt denn da mit Lehm?" (¿Quien tira allí con barro?) o "Hannelore", siguen siendo sucesos que valen la pena (volver a) descubrir.

Claire era considerada como una achulada muchachita de Berlín a pesar de que sus raíces se encontraban en la cuenca del Ruhr. Nació el 21 de octubre de 1884, creció con el nombre de Clara Wortmann en una familia numerosa de Gelsenkirchen donde sus padres eran propietarios de una fonda. Por falta de dinero no pudo realizar su sueño de estudiar medicina. En lugar de ello se dicidió por el teatro. Luego de haber concluído le bachillerato y sin haber asistido a una escuela de arte dramático comienza en 1903 a trabajar en teatro de provincia. Pronto trata de probar su suerte en la capital del Reich (Berlín) y finalmente va a parar al teatro de revista, una forma artística que en los alrededores de 1900 fuera importada de París. En el “Roland” debe recitar textos del poeta Paul Scheerbart y cantar canciones populares vestida con un traje clásico de los estudiantes de Eton. La censura malogra sus planes tres días antes del estreno: los textos de Scheerbart son considerados como antimilitaristas y además después de las 23.00 horas, hora de su salidad a escena, estaba prohibido que damas salieran al escenario vestidas con trajes masculinos.

Para salvar el estreno el joven compositor Walter Kollo escribe una canción cándida sobre el enfermo de amor del pato y su “Schmackeduzchen”. De la noche a la mañana Waldoff se convierte con ella en la “estrella de Berlín”. ¿El secreto de su éxito? “ Mi forma simple sin gesticulaciones, sólo con mímica, con la expresividad de los ojos; era algo nuevo en el escenario de revistas. Fui y continué siendo el gran número en mi simplicidad”, escribe en sus memorias “Weeste noch ...?” (¿Sabes aún?). A ello se debe agregar por supuesto su talento, su sentido artístico, una voz de gran capacidad modulativa y la simplicidad de las melodías. Aún antes de la Primera Guerra mundial tuvo un perfil propio con sus cantos populares, canciones de moda y chansons en la jerga de Berlín. Su repertorio estaba formado por aproximadamente trescientas piezas.

Cuando Claire, parroquiana asidua en los bares lesbianos, canta sobre el amor sus palabras tienen para el público femenino una nota lesbiana. Especialmente preferido en dicho círculo era su parodia de la desacreditada Hannelore como tipo de “nueva mujer”:

Hannelore lleva un smoking

Y un corbatín.

Lleva siempre un monóculo

Colgando en cinta de seda.

Ella boxea, baila fox-trot, juega al golf y zapatea.

¡Y dicho entre nosotros, es una sinvergüenza!

Especialmente en mayo.

Alguien me ha dicho en confianza:

Ella tiene un novio y una novia.

Pero esto así sólo de paso.

¡Hannelore, Hannelore!

¡Linda muchachita de Halleschen Tore! (lugar muy conocido en Berlín)

¡dulce, encantadora criaturita

con la cabecita a lo garçon!

¡Nadie puede saber,

si eres una mujer o un hombre!

¡Hannelore, Hannelore!

¡Linda muchachita de Halleschen Tore!

Waldoff y Olga von Roeder (1886-1963), descendiente de una familia de artistas teatrales de los EE.UU., se conocieron durante la Primera Guerra mundial. “Ambas habíamos ganado el premio en la lotería, a pesar de lo tétrico y crítico de la época. Olly tiene un carácter inusitado y fuerte, es una persona fantástica”, escribe Waldoff en sus memorias y por su puesto no oculta donde ambas se divertían, por ejemplo con el Club de Damas Pyramide, que en la mitad de los años veinte se reunía en el local “Toppkeller” en Schöneberg:

“Teníamos que pasar por tres portales hasta poder llegar al discreto edén de las mujeres, entrada 30 Pfennig, cuatro músicos con instrumentos a viento tocaban las canciones prohibidas del club. Una sala decorada con girnaldas, poblada de pintoras y modelos. Del Sena se podían encontrar pintores conocidos y bellas y elegantes mujeres, que a veces también deseaban conocer el reverso de Berlín, del depravado Berlín; y pequeñas empleadas; y habían celos y rivalidades y lágrimas en cantidad y siempre de nuevo tenían que desaparecer las parejas para resolver afuera sus problemas matrimoniales. Por enésima vez sonaba en el transcurso de la noche la famosa `polonesa del cognac´ que se celebraba de rodillas frente a los vasos llenos de cognac. Los textos de las polonesas no eran precisamente adecuados para cantarlos en un pensionado de señoritas ... Y en el entretiempo llegaban con grandes saludos los corifeos de la época: la irresistible bailarina Anita Berber und Celly de Reydt y la bella Susu Wannowsky y su Korona. Cada lunes a partir de las nueve de la noche crecía esta pirámide en la calle Schwerin, era la típica vida nocturna de Berlín con sus pecados y colorido.”

A partir de la mitad de los años veinte celebró Claire Waldoff sus más grandes éxitos, hacía presentaciones como solista en los dos grandes varietés de Berlin - la Scala y el Wintergarten – y en los tablados más famosos de Alemania. Presentaciones en radio y grabaciones de discos con emisiones de récord y giras hacen esta artista popular en toda Alemania. La toma del poder de los nazis significa para Waldoff una cesura aunque no el final brusco de su carrera. Su vida y situación laboral durante el Tercer Reich están rodeados de leyendas. Entre otros se habla simpre nuevamente de arrestos y de la prohibición de ejercer la profesión.¬

En realidad la cantante tuvo al comienzo del año 1933 una prohibición política pasajera de salir a escena porque había actuado en reuniones del comunista “Rote Hilfe” (ayuda roja). Luego de haber presentado su “certificado de aria” y de haber ingresado en la Cámara de cultura del Reich (Reichkulturkammer de Goebbel) se le permite actuar nuevamente. El público continuaba amándola a pesar de que, o quizás justamente por ello, ella con su presentación típica: camisa y corbata y sus “chisporroteantes cabellos rojo-bronce cortados a lo garçon” y a veces “fumando y hechando juramentos como un basurero” según lo expresaba su amigo Heinrich Zille, ella no representaba de ninguna manera el tipo de mujer que el régimen propagaba. Su vida en común con Olga von Roeder tampoco estaba conforme con el “sentimiento del pueblo” según los nazis. Además faltaban en sus canciones los elementos nacionalistas y rasistas.

“Bailé al borde del precipicio, pero ninguno se animó a empujarme”, dice en su autobiografía. Esporádicamente y siempre con más rareza, sale al escenario en otras ciudades alemanas y en Berlín entretiene al público juntamente con la bailarina Lene Ludwig que conociera en la mitad de los años treinta. La especialidad de Lene son parodias bailadas con máscaras de personajes populares, entre otros Claire. “Era un éxito doble” me contaba Lene Ludwig en 1992. “Primeramente se presentaba Claire con sus canciones y luego venía yo con la máscara. El público reaccionaba con ovaciones delirantes y aplausos. En el sentido corriente Claire no era una belleza, era pequeña y rolliza. Pero era una gran personalidad fabulosamente divertida, graciosa, constantemente con nuevas ideas y cuando salía al escenario poseía una increible irradiación de fuerza.”

Hasta comienzos de 1943 se pueden comprobar presentaciones de Claire Waldoff; en enero de 1942 incluso en el desde hace un año y medio ocupado París. Se debía mantener la moral de la tropa. Y en tanto Waldoff canta para los soldados alemanes, Marlene Dietrich, su vieja amiga y “gran amor” se distanciaba de la Alemania nazi y cantaba para las tropas estadounidenses y muy pronto entrará en el por los aliados liberado París.

Waldoff y Olga von Roeder viven desde el comienzo de la guerra en Gmain de Baviera (en las cercanías de Bad Reichenhall), luego de 1945 no regresan a la “ciudad de los escombros del Reich” (Reichtrummerstadt). A pesar de que Claire a fines de los cuarenta y comienzo de los cincuenta sale al escenario en salas repletas no le es posible continuar su carrera. A causa de la reforma monetaria de 1948 pierde todos sus ahorros y cae en la pobreza. Teniendo en cuenta su situación política y personal – en una entrevista en 1954 se lamenta de que en Baviera los nazis continúan ocupando los puestos dirigentes – se resigna progresivamente. Con motivo de su septuagésimo aniversario el Senado de Berlín Occidental le otorga una pequeña renta de honor.

Poco después de la muerte de Claire – ella murió en 22 de enero de 1957 de un ataque apoplético – escribe la desesperada Olly a su amigo Paul Marcus: "La vida no tiene más sentido para mí. ... Durante cuarenta años de vida común estabamos tan unidas intimamente que este vacío para mí jamás podrá ser llenado. Nosotras vivimos realmente la una para la otra. (...) Yo sería feliz si mis cenizas pudieran reposar en paz junto a las de Claire." Este deseo de la sobreviviente se cumple en 1963. En el cementerio Prag en Stuttgart comparten ambas una tumba.


© Claudia Schoppmann (Berlín 2004)
Elena Terson de Paleville (Traducción, Bonn 2005)

cita/citation sugerida:
Schoppmann, Claudia: Claire Waldoff (1884-1957) [online]. Berlin 2004/Bonn 2005. Traducción de Elena Terson de Paleville. Available from: Online-Projekt Lesbengeschichte. Boxhammer, Ingeborg/Leidinger, Christiane. URL <http://www.lesbengeschichte.de/Spanisch/bio_waldoff_sp.html> [cited DATE].

Para Leer y escuchar:

Claire Waldoff: “Weeste noch?” Recuerdos y documentos editados por Volker Kühn, Berlin 1997.

Maegi Koreen: Immer feste druff. La vida atrevida de la cabaretista Claire Waldoff, Düsseldorf 1997.

CDs, por ejemplo: Claire Waldoff: Es gibt nur ein Berlín (existe sólo un Berlín), Duophon.